Existen momentos en la vida en los cuales el miedo se apodera de nuestro cuerpo y no nos deja respirar, a veces también, olvidamos diferenciar el bien y el mal y sin siquiera darnos cuenta cruzamos como ciegos la línea de la cordura para dejarla atrás. Es verdad. El miedo nos vuelve tontos e incapaces, lo sé, no siempre sé qué es lo que tengo que hacer, me pierdo, no puedo pensar, y sí, es verdad, la vida se trata de eso, de vivir, de no dejar de lado nuestras metas y sueños, y arriesgarnos. Todo trae consigo dolor, la vida es dolor, pero debo caminar sin miedo, mi problema no es que no me juego, mi problema es que no pienso en la pena, y cuando llega no sé conocerla, ya no puedo frenar, mi problema es que no sé detenerme, que una vez que puse primera no puedo dar marcha atrás ni hacer como si nada pasa. La gente suele decirme que ése es mi gran error, que no creo en mortalidad, que desespero mientras juego. Sí, puede que tengan razón, la verdad es que no sé. Es como escribir en vano, como quemar mis palabras en las leñas, es como una muerte lenta...
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